La mañana siguiente desperté con una raya de luz solar colándose a través de las cortinas, cortando la habitación como una hoja afilada. Mis ojos se sentían pesados, pero mi cuerpo, maldita sea, todavía zumbaba con el fuego residual de anoche.
Me estiré, arrastrando una mano por mi rostro, reproduciendo todo lo que había pasado. Los labios de Liana. Su camisón rasgándose en mis manos. Sus gemidos.
Y luego, Freya. La forma en que entró a mi habitación solo con sujetador y bragas, actuando como s