Su cuerpo era una tentación que ya no podía ignorar.
Freya estaba recostada en la mesa, piernas abiertas ampliamente, dedos enterrados en su coño mojado, jadeando como si fuera la estrella del porno que había puesto en la pantalla.
El video estaba alto, gemidos, palabras sucias, los sonidos húmedos de cuerpos chocando, pero sus propios ruidos lo ahogaban.
La visión me rompió.
Avancé, corazón martilleando, polla esforzándose tanto contra mis pantalones que apenas podía respirar. Mis manos envolv