DACCO MACDONALDS
—Tu amas mi poder, mi dinero y el prestigio—entierro mis dedos en su mejillas—si me amaras soportarías, te gustaría y me susurrarías rómpeme toda—apenas paso saliva con el recuerdo que me enciende—pero lloras, te quejas y apenas aguantas.
Se apena con mis palabras pero yo dulce no soy y no cambio por nadie. Ingresa una llamada de Leyton que contesto ya que siempre son importantes.
—Señor se escapó.
Maldita sea, ese hijo de puta me va arruinar todo.
—Búscalo—le digo—salgo para a