Los tragos habían convertido la noche en una cálida y mareante neblina. Dimple se apoyaba contra la barra, sosteniendo un vaso que no recordaba haber pedido, la música pulsando a través de ella como un segundo latido. Su lápiz labial estaba corrido, sus mejillas sonrojadas por el calor. A su alrededor, el club giraba en un borrón de luces y cuerpos, y ella se sentía tanto intocable como a la deriva.
Solo unas horas antes, Dimple había entrado y encontrado a su novio follando con otra chica. Amb