17. Adrenalina.

Ya estoy bastante alejada de aquel lugar, de modo, que puedo obedecer a la petición de mi cuerpo sobre descansar. El teléfono no ha parado de vibrar en mi bolso, pero no he sido capaz de detenerme para contestarlo. El escozor en la palma de mi mano es insoportable, así que me detengo a mitad de la calle a mirar mis heridas. Noto que los vidrios no están tan profundos e intento sacarlos, logro sacar uno con un grito desgarrador, pues no era tan superficial como pens

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