Solté un siseo, aspirando el aire mientras mi cuerpo se presionaba contra el suyo. Ella aún tenía una expresión de sobresalto en el rostro. Sus respiraciones se hicieron más profundas mientras mis dedos recorrían su cara, sus mejillas y se detenían en sus labios.
—¿Qué estás haciendo? —clavó sus ojos en los míos.
—¿De dónde sacaste tu valentía? —sonreí con picardía, hundiéndome en lo profundo de sus ojos.
—Deberías recordar que esto es un baño —susurró con voz áspera, desviando la mirada de mis