Asentí, clavando mis ojos en él.
—¿Sabes cuánto me vuelves loca? ¿No sonaría tonto decirlo?
¿No sería una locura expresarle lo eficiente que me hacía sentir?
Él pensaría que eran mis hormonas volviéndome loca. Y que solo era una chica excitada.
—No me importa, Jamal. También puedes besarme —expresé, alejando el pensamiento tonto.
Sus ojos brillaron de sorpresa. Se acercó. —¿No arruinaría eso lo que nos queda? —sus dedos acariciaron mi rostro.
Ciertamente no lo estaba escuchando. Estaba abrumada