Soy Julian. Durante veintiséis años, este pueblo ha intentado convertirme en un fantasma.
Miradme las manos. Tengo los dedos manchados permanentemente con una tinta azul oscura y fea que no se quita nunca. Es la marca de la casta de los escribas. Me visten con una túnica pesada de lana sin teñir que me rasca la piel cada vez que respiro.
Me sientan en un escritorio de piedra frío y me dicen que escriba números y nombres en libros de registro enormes hasta que me duelen los ojos. Me dicen