1: Pajeándose con bragas.
Llevaba ya casi dos años llevando mi servicio de lavandería a domicilio para el vecindario.
Era dinero estable, horario aceptable y por lo general bastante sencillo. La mayoría de los clientes dejaban sus bolsas en el porche con instrucciones. Pero la Sra. Elena Voss era diferente.
Era una mujer divorciada de cuarenta y pocos años, con un cuerpazo que se notaba que había mantenido a base de yoga y seguridad en sí misma.
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