Los siguientes días se convirtieron en una especie de tortura muy lenta, porque el Sr. Blackwood siempre encontraba razones para mantenerme cerca de él. Me pedía que le llevara té a su estudio, e incluso que le ayudara a elegir qué corbata usar para las reuniones, o incluso que organizara su armario mientras él observaba desde el umbral; cada interacción se sentía llena de tensión tácita. Sus ojos se detenían en mi cuerpo un poco más de lo necesario, y su mano rozaba la mía cuando le entregab