Pasa un minuto, dos minutos, cinco minutos, diez minutos. No sé. Y entonces llegamos a otra puerta. Me carcome la sensación de que esté cerrada, ya me imagino a los cuatro siendo asesinados en la oscuridad sin conocer a nuestro homicida, pero escucho un golpe y entonces el aire nos da la bienvenida.
Jadeantes, no nos detenemos hasta que damos con un basurero ¿En dónde estamos?
Ya nadie nos persigue, pero no me siento segura hasta que llegamos a la calle. No reconozco este lugar, a pesar de que m