Persiguiendo a mi Luna rechazada
Persiguiendo a mi Luna rechazada
Por: Cara Anderson
Capítulo 1
[Punto de vista de Skye]

De todos los futuros que había imaginado para mí, jamás soñé que algún día tendría que elegir entre mi esposo y mi cachorro por nacer.

La mano me tembló mientras alisaba la parte delantera de mi vestido, uno azul claro que Jaxon había dicho alguna vez que le gustaba. Había pasado una hora arreglándome porque quería verme lo mejor posible cuando le contara lo del cachorro. Quería que recordara por qué se había casado conmigo en primer lugar.

Él quizá no quisiera hacerlo, pero yo le debía a la pequeña vida que crecía dentro de mí el intentarlo.

Me toqué brevemente el vientre para armarme de valor.

—Tu padre va a querernos —susurré—. Sé que lo hará.

Quería divorciarse. Estaba segura. De hecho, creía que de eso quería hablar ese día. Había convocado una reunión con los Ancianos y me había dicho que me arreglara para la ocasión. No podía imaginar qué otra cosa podría poner tan nervioso al todopoderoso Alfa.

Romper el vínculo con una compañera destinada no era fácil. No para un Alfa.

Llevaba tiempo preparándome para ese día y habría aceptado mi destino de no ser por el inesperado resultado del chequeo de esa mañana. Jaxon me había obligado a ir al médico porque últimamente no había estado rindiendo al máximo en el campo de entrenamiento. Resultó que no estaba enferma, sino que me había ocurrido lo mejor que podría pasarnos: estaba embarazada.

Por eso había llegado temprano.

Él necesitaba conocer toda la información antes de anunciar su decisión.

Respiré hondo y me dirigí a la oficina de Jaxon. Sin embargo, al doblar la esquina, me detuve en seco.

Las puertas de la sala de conferencias estaban abiertas y podía ver el interior.

El corazón me dio un vuelco.

Porque no estaba solo. Estaba con ella. Cassandra. Mi hermana.

Y la tenía entre sus brazos.

El mundo se inclinó a mi alrededor. Me aferré al marco de la puerta para mantenerme firme mientras las palabras que había ensayado con tanto cuidado morían en mis labios. Jaxon tenía los anchos hombros inclinados hacia ella y una mano apoyada en la parte baja de su espalda. Por un instante, un instante horrible y revelador, volví a tener diecisiete años y a observarlos juntos en las reuniones de la manada, convencida de que estaban hechos el uno para el otro.

El sonido de mi brusca inhalación atravesó la habitación.

Jaxon levantó la cabeza de golpe. Sus ojos grises como el acero se encontraron con los míos y lo que vi en ellos —¿sorpresa?, ¿culpa?— hizo que se me revolviera el estómago. Soltó a Cassandra de inmediato y retrocedió como si se hubiera quemado.

—Skye —dijo con un tono cuidadosamente neutral—. No esperaba que llegaras tan temprano.

Cassandra se giró y me impresionó lo perfecta que lucía. Siempre era así. Su cabello rubio miel caía en ondas impecables y sus ojos ámbar estaban muy abiertos con lo que podría haber parecido preocupación si no la conociera bien. Llevaba un vestido color crema que probablemente costaba más que todo mi guardarropa, e incluso su sorpresa parecía elegante.

—Skye —exhaló, llevándose una mano al pecho—. Lo siento mucho. Seguro eso pareció… Solo estaba alterada y Jaxon me estaba consolando. Ya sabes cómo es él.

¿Lo sabía?, quise preguntar. Porque ya ni siquiera estaba segura de conocer a mi esposo.

—¿Qué haces aquí? —Mi voz salió más débil de lo que pretendía—. Te fuiste. Llevas años fuera.

—Regresé. —La sonrisa de Cassandra no llegó a sus ojos—. ¿Jaxon no te lo dijo?

Desvié la mirada hacia mi esposo. Tenía la mandíbula tensa y el conocido surco entre sus cejas estaba más marcado de lo habitual. Su aroma a cedro y ámbar lo envolvía y, aun en ese momento, incluso mientras el corazón se me resquebrajaba dentro del pecho, mi loba reaccionó a él. Siempre lo hacía.

—¿Cuándo? —conseguí preguntar.

—Hace un mes.

Un mes.

La habitación comenzó a dar vueltas. Llevaba un mes viviendo en la misma casa que él y compartiendo su cama, y ni una sola vez había mencionado que mi hermana —su exnovia, la mujer que, tenía la certeza desde hacía tres años, él todavía amaba— había regresado a la manada.

—Llevas aquí un mes —repetí, odiando el temblor de mi voz—. ¿Y a nadie se le ocurrió decírmelo?

La expresión de Jaxon se endureció.

—No era algo que te incumbiera.

La crueldad con que pronunció aquellas palabras, como si nada, me dejó sin aliento. No me incumbía. El regreso de mi propia hermana no era algo que me incumbiera.

—Ya veo.

Mi mano se dirigió instintivamente hacia mi vientre, pero la dejé caer. Todavía no. No podía contarle lo del cachorro. No de esa manera. No con Cassandra allí de pie, mirándome con algo que podría haber sido lástima.

Porque, de pronto, todo cobró un sentido terrible. Me había convencido de que Jaxon quería divorciarse porque yo no podía darle un heredero. El mes anterior, el médico de la manada había escogido sus palabras con mucho cuidado al explicarme que el estrés y el vínculo de compañeros incompleto podían afectar la fertilidad, que quizá tomaría tiempo. Había visto la decepción en los ojos de Jaxon y cómo se había distanciado todavía más.

Pero nunca se había tratado de que yo fuera estéril.

Se trataba de ella.

—¿Cuánto tiempo llevan viéndose? —pregunté en voz baja.

—Skye, no es lo que piensas… —comenzó Cassandra.

—¿Cuánto tiempo?

Las fosas nasales de Jaxon se ensancharon.

—Cassandra necesitaba ayuda para volver a adaptarse a la vida en la manada. Como Alfa, es mi responsabilidad…

—Tu responsabilidad —repetí—. Claro. ¿Y yo? ¿Cuál es tu responsabilidad conmigo?

Su silencio fue respuesta suficiente.

Miré a mi hermana, a la hermosa y segura Cassandra, quien jamás había dudado del lugar que ocupaba en el mundo. La que había dejado atrás a esa manada y a Jaxon como si no significaran nada, mientras yo me había quedado e intentado construir una vida entre las ruinas de aquella noche.

—No puedo competir contigo —le dije a Cassandra, y odié que fuera cierto—. Nunca pude.

Algo cruzó por su rostro.

—Skye, eso no…

—Necesito hablar con Jaxon. A solas —conseguí decir con la garganta tensa—. Por favor.

Cassandra miró a Jaxon y no se me escapó el intercambio silencioso entre ambos. Ella lo conocía lo bastante bien como para interpretar sus estados de ánimo y sus silencios. Después de un mes de encuentros secretos, quizá lo conocía mejor que yo.

—Por supuesto. —Se dirigió hacia la puerta, dejando tras ella su aroma a jazmín y roble. Era bonito. Sofisticado. Nada parecido a mi aroma silvestre a madreselva y lluvia—. Voy a…

La puerta se abrió de golpe antes de que pudiera terminar.

Un cachorro pequeño, de unos cuatro años, irrumpió corriendo en la habitación. Tenía el cabello rubio caído sobre la frente y una mandíbula marcada que hizo que mi corazón se detuviera un instante. Porque conocía esa mandíbula. La veía cada mañana al otro lado de la mesa durante el desayuno.

Los ojos grandes y brillantes del pequeño se posaron en Jaxon.

—¡Papi! —gritó mientras corría hacia él—. ¡Papi, tienes que venir a ver lo que encontré!

El mundo se detuvo.

El aire abandonó mis pulmones de golpe y no pude volver a respirar. No pude pensar. No pude procesar lo que estaba viendo mientras la expresión de Jaxon cambiaba: primero sorpresa y después algo más dulce, casi tierno. Lo atrapó antes de que chocara contra sus piernas.

—¿Papi? —La palabra escapó de mis labios en un susurro apenas audible.

Pero lo bastante fuerte para que tres pares de ojos se volvieran hacia mí.

Lo bastante fuerte para que todo mi mundo se hiciera pedazos.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
capítulo anteriorpróximo capítulo
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App