No dudes de mi amor

Besó mi cuello antes de guiarme al interior de la habitación. Cerré los ojos, dejándome llevar a dónde tenga en mente. Me ayudó a sentar en una superficie suave y que se hundió con mi peso; la cama.

—Vas a cerrar los ojos y no los vas a abrir, ¿entiendes?.

—No voy a mirar, pero no seas tan misterioso —reímos.

—Solo hazme caso, mi vida. Sé cuan curiosa eres.

—No voy a mirar, lo prometo.

Cerré los ojos, muriendo de la curiosidad. En el aire hay un aroma muy rico y envolvente, por lo que quiero ver cómo está decorada la habitación. Aiden me soltó, y por pocos segundos lo sentí caminar a mi alrededor. Luego regresó para cubrir mis ojos con una seda e hizo un amarre no tan apretado en la parte trasera de mi cabeza.

—Oh, Sr. Bardot —dije pícaramente—. ¿Qué planea

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