Capitulo Cinco

¿Somos víctimas de la casualidad o simplemente es la ley de la atracción la que causa este efecto de peligro entre los dos?

Alondra

Se sorprende al verme delante de él, pero enseguida se recompone y me enseña una sonrisa de satisfacción al verme, siento las manos sudorosas y el corazón martillando en mi pecho con tanta fuerza que me es difícil recuperarme por unos cuantos segundos en los que intento descifrar en que momento fue que el destino decidió jugarme esta m*****a broma. Imito su postura cuadrándome de hombros, al tiempo que el mesero me ayuda a recoger mis cosas del piso y me las entrega, agradezco la amabilidad del joven antes de colocar de nuevo la mirada fría sobre el señor Freites.

—Mucho gusto, Alondra Jiménez, CEO de Technological Prestige —Extiendo la mano con toda la seguridad de la que soy capaz, no es la primera vez que tengo que vérmelas con un hombre en una reunión de negocios fuera de la oficina, sin embargo, es la primera vez que tengo un encuentro desagradable con un posible cliente.

—Christopher Freites, el placer es todo mío, señorita Jiménez —entrelaza su mano con la mía, provocando que todo mi cuerpo se estremezca por la estática que el contacto de nuestras manos produce en ambos.

Su agarre es fuerte y se afianza un poco más a mi mano como si no la quisiera soltar, no es algo nuevo, cada hombre con el que he tenido que hacer negocios siempre se aprovecha del saludo para prolongar el contacto de una manera inapropiada.

—Ya puede soltarme, señor Freites —demando con tono frío.

—Lo siento, no fue mi intención causarle incomodidad —musita en tomo amable.

—Es muy común que esto suceda la verdad, sin embargo, no deja de ser desagradable que los hombres no terminen de comprender que las mujeres podemos ser más que una simple cara bonita —suelto, hostil.

Estoy consciente de lo desagradable que estoy siendo, quizás mucho más que en otras ocasiones con otras personas, pero algo en él me hace reaccionar de esa manera, es como si su llegada a mi vida representara peligro, un peligro que no estoy dispuesta a correr.

—En ningún momento he dicho o asegurado que las mujeres no puedan lograr lo que se proponen, me parece que está siendo usted algo descortés en este momento y me temo que se debe a nuestro encuentro de esta mañana —puntualiza tomando una postura de defensa—. Le repito mismo que le dije entonces, me disculpo por haber interrumpido un momento de intimidad, no fue mi intención, aunque reconozco que fue un error el haberle hablado, pero ambos tenemos que reconocer que por muy profesional y exitosa que usted sea, no sabe separar su vida privada de la laboral —el golpe fue directo y premeditado, un balde de agua fría me hubiese sabido a gloria antes de tener que escuchar esas funestas palabras.

De nuevo su mirada se torna superior a la mía, sabe que tiene la victoria ganada en esta batalla. Me tiene totalmente atada de manos, tiene razón en cada una de las palabras que pronuncio, sin embargo, me cuesta aceptar que no supe separar mi vida privada de la laboral, siento que es más un impulso propio de una reacción natural de mi cuerpo, es como si mis mecanismos de defensa se hubiesen activado desde el primer momento en el que nuestras miradas se cruzaron.

Confieso que de alguna forma me desarma cuando me observa a profundidad, los escudos que siempre me protegen quedan hechos añicos, no obstante, tengo que sobrevivir y en eso soy una experta. No me importa que tanto me descontrole, tengo que mantenerme serena y fría como siempre, eso es lo que me ha llevado hasta donde estoy y no pienso resbalar en este momento en el que estoy a un paso del pináculo de mi carrera.

Christopher

Me sorprendo cuando me doy cuenta de que la mujer que está frente a mí paralizada, muda y blanca como un papel, es la misma ardiente y sensual diosa que vi hoy en el cementerio, trago saliva sin poder dejar de mirarla, me parece inverosímil que de nuevo nos hayamos encontrado y de esta manera tan poco habitual. Sin duda alguna es una mujer muy hermosa y desafiante, me intriga su manera de actuar, de mostrarse tan segura y arrogante ante las situaciones.

Esta mañana me dejo sin palabras, confieso que me pareció el ángel más dulce y hermoso cuando la vi por primera vez, algo en ella me atrajo, quizás esa luz brillante que desprende a su alrededor, escucharla, pronunciar aquellas palabras me hizo comprender que lleva guardado en su pecho una pena muy grande que no la deja vivir realmente. Y que siempre ha estado andando a medias por temor de lo que pueda suceder, por más que demuestre ser una extraordinaria profesional, no deja de ser un ser humano con el alma rota.

No comprendo por qué siento la necesidad de curarle las heridas, de cubrirla con besos mientras la rodeo con mis brazos, no sé en qué estoy pensando está claro que esta mujer no fue hecho para ningún hombre o es que sus expectativas son demasiado altas, pero acaso no soy un hombre terco que cuando se le mete algo en la cabeza no se detiene hasta conseguirlo, sin embargo, tengo que analizar muy bien mis ideas, porque si únicamente llenare de más heridas su maltrecha alma, lo mejor es que la observe desde lejos aunque me muera por estar muy cerca de ella.

Me encanta ver cómo me desafía, como se muestra regia, profesional, el movimiento de sus labios al hablar, es una gozada estar sentado frente a ella admirando en primera fila toda su inteligencia. Creo que jamás había conocido a una mujer así como ella, tuve que haber indagado más sobre ella y no conformarme solo con saber su nombre.

—¿Me está escuchando, señor Freites? —pregunta sacándome de mis cavilaciones—. Creo que esta reunión ha sido una total perdida de mi tiempo —dice en tono irritado.

—Lo siento, me distraje pensando en otro asunto, no fue mi intención hacer que se molestara —digo esperando que se relaje.

—Señor Freites, creo que no le queda claro, soy una mujer a la que se le preste atención por lo que tiene que decir y no por su físico, sobre todo cuando se le cita fuera de su oficina para una reunión de trabajo —señala con el ceño ligeramente fruncido—. Ahora si me disculpa, yo si tengo cosas mucho más importantes que hacer y no son precisamente perdiendo el tiempo con alguien que no puede para de babear por mí —declara y enseguida se sonroja—, lo siento —masculla y se va dejándome mudo como una estatua y sin comprender que fue lo que sucedió.

No cabe duda de que las mujeres siempre serán un misterio mucho más difícil de comprender que el universo mismo. Puedo entender que se moleste porque no le prestara atención, tiene razón, fue una grosería de mi parte, pero de ahí a que armara todo un drama y que encima alegue que me estoy babeando por ella, ya es como mucho, aunque tiene razón, me embelese con su belleza y me olvide de ser un profesional también.

—¡Maldición, he pasado el día disculpándome con ella!

Quizás unas rosas blancas enviadas a su oficina sirvan para pedirle una disculpa. No cabe duda de que soy un soberano imbécil, nunca me había sucedido nada igual con ninguna otra mujer.

—Señor, ¿Desea que retire? —pregunta el mesero.

—Por favor y tráigame la cuenta —contesto.

Un par de minutos después vuelve con la cuenta, le entrego la tarjeta de crédito y espero a que se cobre el consumo mientras me termino la copa de vino, ahora que recuerdo ella solo pidió un vaso con agua, habrá pensado que no tengo dinero suficiente para invitarle una copa de vino, no, esas son especulaciones mías, muchas mujeres no ingieren alcohol o quizás sea una regla como la de los policías que no ingieren alcohol mientras están de servicio.

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