Logre darle un golpe en su pecho, quitándole el aire, logrando golpear su rostro en repetidas ocasiones, tan fuerte, que por primera vez, luego de mucho tiempo desde que solo era una niña, mis nudillos comenzaron a doler.
—¡Eres un maldito hijo de puta! — junté mis manos para dar un golpe final en su cabeza.
Pero aquello pareció no provocar nada en él, con un semblante molesto se incorporó limpiando un poco de sangre de su boca.
Durante un buen tiempo pudo esquivar mis ataques, los cuales estab