—No me gusta este lugar. —Hablo la mujer mayor.
—Tú solo tienes que cuidar al niño, lo demás no importa. Tenemos que ocultarlo hasta que salga la sentencia, por lo pronto nos quedaremos aquí, te guste o no te guste — Sentencio el viejo.
María Ugarte, miro desde la ventana hacia la calle y no pudo evitar que su cuerpo se estremeciera al verse rodeada de tanta pobreza, su nariz se frunció en señal de asco, nunca en su vida tuvo carencias, sus padres le dieron todo lo que necesitaba en su vida, na