Marcus llevaba mucho tiempo en el pueblo, y Edith había crecido allí. Si podían obtener ayuda de personas conocidas, las cosas avanzarían mucho más rápido.
La clave era no atraer la atención de esas personas, para garantizar al máximo la seguridad del niño.
Por suerte, Kin ya había descubierto que solo dos personas se habían llevado al niño, y ambos se alojaban en una casa alquilada.
Los dos solían turnarse para salir a comprar comida. Para no levantar sospechas entre los vecinos, se alternaban