Después de salir de la mansión, llegamos a una especie de pista y abordamos lo que en su momento creí que era un avión, pero mucho más pequeño. Los nervios afloraron en la boca de mi estómago a pocos instantes de que la avioneta se alzara en vuelo.
—¿Todo bien? — inquirió ella, dejando su teléfono a un lado.
—Sí... estoy bien — mentí.
—Bien — sonrió ladeado, volviendo la vista a su teléfono.
Hice de tripas corazón para no soltar lo que en realidad estaba pensando y sintiendo. A medida que la av