—Claro que no —tomo su rostro entre mis manos. —. Has demostrado ser una maravillosa hija, estuviste dispuesta a sacrificarte por ellos, pero en algo siempre tuviste razón, el dinero se les subió a la cabeza —ella suelta una pequeña risa por primera vez. —. El dinero si cambia a las personas, tal vez él lo hizo porque estaba acorralado...
—No —niega rotundamente. —. No lo defiendas, él no tenía derecho, soy su hija, Hugo, su sangre —se señala a sí misma. —. Para colmo sabía lo nuestro, lo disim