Mundo ficciónIniciar sesiónCamino a la Mansión, me recuesto al respaldo del asiento. No he dejado de llorar desde que salimos del ático en las afueras de Manhattan, Josep toma mi mano y la aprieta con cariño. Mi destrozado corazón gime ante la repulsión que siento por el dolor que me produjeron sus palabras.
— ¡No te lo tomes personal Isobel, Jacques está furioso con el mundo! No creo que lo haya dicho en serio – lo miro con tristeza.







