La veo sentarse a mi lado con cara de preocupación. Se muerde el labio inferior y mueve su pierna derecha rápidamente. Está claramente nerviosa. No sé si será por lo que le diré, o, por algo que ella me intenta ocultar.
Suspiro y me acomodo para quedar viéndonos frente a frente. Me regala una dulce sonrisa y sé que después de esto, algo entre nosotros cambiara.
—Ada, disculpa mi falta de tacto por lo que te voy a decir —frunce el ceño—, pero al tener la dirección de tu padre, ya no tengo motivo