En total silencio nos fuimos a la habitación, era más que obvio que estaba sucediendo y sabía que, por ninguna razón, nadie aquí debía enterarse de lo que yo le acababa de decir a Ada. Su vista siempre estuvo perdida, parecía más bien que ella fuera la presa y yo el cazador. Cerré la puerta y cambié la clave de ella, al voltearme a verla, Ada está viendo con miedo lo que hice.
Sonrío molesto por su actitud.
¿Tiene miedo de lo que dirá o de lo que le haré? La primera vez que odié la mafia fue cu