Carlos sonrió y se ajustó los anteojos:
—Jorge, no seas tan formal. Llámame Carlos.
—Aunque lamentablemente soy alérgico al alcohol, así que no podré beber contigo.
Luego miró a Marcela bromeando:
—Marcela sí que puede beber, ella tomará por mí esta noche.
—No le hagas caso con eso de su alergia —protestó Marcela con un mohín—. De los tres, yo soy la que menos aguanta el alcohol.
Los tres intercambiamos risas corteses.
Llegada la noche, el departamento entero, unas quince personas, nos reunimos