Entré a la oficina esperando que el señor Eric llevara el traje normal y pantalones negros a medida, en cambio, la puerta del ascensor se abrió y juro que casi se me cae el café. Se veía diferente, bien, demasiado bien. No pude ocultar mi admiración por él, mis ojos prácticamente brillaban. Salió del ascensor con el teléfono en la mano, hombros rectos, mirada fija hacia adelante hacia donde iba, su oficina. ¿Su rostro? Frío pero impresionante.
Se había añadido un fade al slick back, sin traje,