James Riker no siempre se había llamado así; su verdadera identidad estaba perdida hacía muchísimos años: Robert James Scott. Nació en una familia pobre con una madre nula y un padre violento y alcohólico y durante mucho tiempo tuvo que presenciar el abuso de su padre hacia su madre y, eventualmente, hacia él mismo. La violencia fue convirtiéndolo de a poco en un muchacho agresivo y temido por sus compañeros de escuela. Era el matón y el acosador del lugar.
Un día, de la nada, llegó una nueva