El tintineo de la campana sobre la puerta de cristal de la cafetería volvió a sonar. El taconeo agudo y apresurado de unos zapatos de tacón interrumpió de golpe la música instrumental que envolvía el lugar. Esos pasos sonaban egoístas, exigiendo atención.
Elyn no levantó la mirada; sus dedos seguían perfeccionando los detalles de un vestido en la pantalla de su iPad Pro. Sin embargo, el movimiento repentino de la mano de Michael, que se cerró con fuerza en un puño sobre la mesa, la obligó a des