La mañana avanzaba poco a poco cuando un sedán negro se detuvo con suavidad frente a la residencia del clan Moreno. El rugido del motor se apagó lentamente, seguido por el sonido de la puerta al abrirse. Michael descendió del vehículo con una gruesa bolsa de papel de la que emanaba un inconfundible aroma a comida recién hecha.
Cuando se acercó a la puerta principal, la imponente puerta de madera de teca se abrió desde el interior. La señora Moreno apareció con su habitual elegancia, acompañada