Un silencio extraordinariamente denso cayó de repente sobre el dormitorio principal cuando, por fin, sus labios se separaron. La respiración de Berlyn sonaba entrecortada y agitada, subiendo y bajando con fuerza mientras una oleada de calor aún envolvía todo su cuerpo. El fino hilo de saliva que había quedado suspendido entre sus labios se rompió lentamente, dejando un brillo húmedo sobre los labios carnosos de la joven señora.
En ese mismo instante, la conciencia racional de Berlyn pareció gol