PUNTO DE VISTA DE AURORA
Mis pulmones dejaron de funcionar por completo.
Todos los instintos de supervivencia humanos que poseía me gritaban una sola orden: Corre. Pero mis pies estaban soldados al mármol pulido. Estaba de pie en una jaula cerrada con cientos de depredadores, y el monstruo más grande y aterrador de todos tenía su mano firmemente enredada en el pelo de mi nuca. Si salía corriendo hacia las puertas, no daría ni tres pasos. La quietud depredadora de la sala me decía todo lo que ne