—¡Con justa razón es que te vigilamos! —exclamó Merry Evans a Victoria con molestia—, si fuiste capaz de ocultarme lo de tu embarazo real, ¿de qué otra cosa no serías?, ¡no nos decepciones!, recuerda que cualquier otro plan que tengamos si necesitamos de ti, LO HARÁS.
Victoria frunció el ceño, sabía que su madrastra prácticamente la estaba amenazando.
No tenía alternativa, esa mujer seguía teniendo en su poder las cosas y personas que a ella tanto le importaban.
Edward Evans, ingresó en ese