Observando desde ese corredor abierto la lluvia caer, se encontraba ese CEO sentado en una de las cómodas sillas.
En sus brazos, su tan querida hija, Elizabeth la cual estaba profundamente dormida.
Jackson que se había quitado su saco, mismo con el que cubrió a Elizabeth, veía esos dibujos que recogió hace media hora atrás y ahora se encontraban nuevamente en la mesa.
Arrugados, algunos rotos torpemente y en mal estado por la rabieta que Elizabeth hizo.
Él suspiró sintiendo esa pesadez en su