Llegaron por fin a casa, se habían retrasado bastante por la hora, es que la pasaron tan bien que se distrajeron demasiado y se dieron cuenta de la hora cuando ya era eso de las siete de la tarde siendo que salieron como a las diez de la mañana.
No podían quejarse, fue un día de esos que recordarían toda la vida, estaban seguros, fue la primera vez que andaban solos como padre e hijo, los que ahora sabían que realmente eran.
Bajo alegre de aquel automóvil en el que habían llegado, no podía es