73. Entrada Secreta
Emma tomó una de las máscaras que ofrecían en la entrada y se la puso en el rostro.
Mucho mejor que fuera una fiesta de máscaras porque así se protegía más.
Una vez adentro, tuvo que aguantar la perolata del tonto a su lado, hablándole babosadas que creía muy románticas y viendo cómo esquivaba sus manos resbalosas, que casi le tocaron el trasero varias veces.
— Iré un momento al baño – le dijo y sin esperar respuesta, se escapó de su lado.
No conocía a nadie aquí. La fiesta se desarrollaba en