20. Seduciendo a la madre de mi hijo
Los días pasaron en relativa tranquilidad y parecía que todo iba encontrando el camino correcto.
Winona se había mudado con su madre y ya Steve había decidido preocuparse por la pequeña, pero no involucrarse a fondo nunca más en ese asunto.
Se hizo una costumbre, que Steve llegara a su casa y cierta pelinegra lo estuviese esperando con una cena caliente, incluso comenzó a llegar a tiempo para comer con ella en el comedor, como hace rato no hacía desde que su esposa había fallecido.
Hablaban de