26. Debes creerme.

Mientras el mayor intentaba recordar cómo se había hecho esa marca, la menor terminaba de vaciar su plato, mientras lo hacía resonar en la habitación.

—Ni siquiera entiendo por qué estoy tan molesta— bufó —se supone que es un hombre libre— gruñó.

La pantalla de su celular se encendió, revelando un mensaje de Angie: «Dentro de veinte minutos llego por mi niño, gracias una vez más por ayudarme, Adele» 

—Bueno, lo mejor será que vaya por los pequeños, ah, pero su padre— renegó rodando los ojos.

Adele con pasos desganados se acercó a la puerta, al abrirla se encontraba un sonriente y enérgico Joel, el cual tenía un lindo dibujo en sus manos.

—Mami ¡mira lo que te hice!— Exclamó enseñándole a la mayor su obra de

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