Edmond estaba sentado en el suelo, con los ojos a nivel de la mesa que había preparado en el comedor con el tren para Anthony.
—Le va a encantar,— dijo Belinda mientras se acercaba suavemente por detrás de Edmond y observaba la máquina de juguete guiar varios vagones a lo largo de las vías.
—Si,— dijo Edmond sin prestar atención. Era difícil no mirar el juguete, que solía ser suyo, sin recordar el olor de los rollos de canela en la mañana Navidad, o a su padre enseñándole cómo frenar el tren cu