Por supuesto, siendo realista, sabía que el Edmond que ella había llegado a conocer y amar no era el tipo de hombre que mostraba dramáticas reacciones emocionales, pero esperaba algo más allá que el hombre complaciente que estaba sentado frente a ella.
—¿Edmond?— se inclinó para mirarle a los ojos bajos que él tenía entornados. —¿Está abrumado?—
—¿Huh?— se estremeció él, como sacudiendo un mal pensamiento. —Uh, no. No, sólo estoy escuchando…—
—¿Quieres hablar de ello?—
Belinda se sintió des