—¿Cómo me puedes pedir eso? —la voz de Verónica es casi un grito en medio de aquella habitación de hospital
—¡Shhhh! Verónica por favor, habla en voz baja, si Claudia pasa por aquí y nos escucha, estaremos en grandes problemas, ya tenemos suficientes con las sospechas que tiene, no nos podemos exponer tanto. Lo siento, pero me es imposible seguir llevándote a ver a Elena, ya tus chequeos diarios han acabado, ha pasado toda una semana y estás de maravilla, gracias a Dios ¿qué excusa daremos para