Como mismo le había descrito Pablo, Emma parecía estar muy mal, no paraba de llorar y, debido a ello se ahogaba a cada rato. Amanda no era madre, nunca había tratado con niños, al menos no tan pequeños como la que tenía en brazos. Ya se la había arrebatado de sus manos a su madre muerta, no podía dejarla morir también a ella, eso no lo podría soportar.
Después de conducir lo más rápido que Pablo pudo, llegaron al hospital; de forma inmediata, los especialistas tomaron a Emma y se llevaron para