ZAREK
Una puta. Una puta que busca atención. Eso es todo.
Y aun así, Dios me ayude, no puedo evitar las ganas de empujarla de rodillas, inmovilizarla contra esta cama y recordarle lo que se merecen las putas como ella.
La ira me quemaba en el pecho, caliente y enredada con algo que no quiero nombrar. Minutos. Solo han pasado minutos desde que la empujé, y todavía puedo sentir su boca sobre mí. Todavía oigo el húmedo sonido de su ahogo, el roce de sus dientes. Todavía veo el desafío en sus ojos