C71. El precio del orgullo.
Giovanni Ferrari
Después de acomodar a Anabella, ella se aferró a mi mano antes de que la soltara.
—Gracias... papá —susurró.
La palabra me golpeó con más fuerza que cualquier bofetada. Se me detuvo el aliento. "Papá". No era un error. Ella veía al hombre que la había levantado del suelo. Sentí un nudo en la garganta. Alicia se quedó petrificada.
—Anabella, no... el señor Giovanni es... —empezó a decir Alicia con la voz temblorosa.
—Déjala, Alicia. No importa —la interrumpí. Cerré la puerta del