Capítulo 76. La cacería.
La luz roja del rastreador satelital parpadeó sobre las sábanas oscuras. Un latido rítmico. Una sentencia de muerte importada desde Moscú hasta California.
Mariana no se levantó de la cama. Sus ojos se clavaron en la pequeña caja de metal. Procesó la información en un segundo letal.
—Si sabías que venían, ¿por qué los atrajiste al territorio de Voss? —preguntó Mariana. Su voz no tembló. Pura frialdad analítica.
Víctor tosió. El esfuerzo le cerró los ojos por un instante.
—En Rusia tenían el ter