Capítulo 41. Castración psicológica.
Víctor giró el rostro. La escaneó. De arriba abajo.
Era hermosa. Atractiva. Fácil. Completamente dispuesta. Perfecta para el trabajo de distracción física.
Levantó la mano. El barman se acercó de inmediato y sirvió otra copa de vodka.
Víctor no habló de su vida. No le preguntó el nombre. No le interesaba su voz, ni su profesión, ni sus pensamientos. Era solo un cuerpo. Una herramienta biológica para apagar el fuego equivocado.
Pagó la cuenta de inmediato con un billete de cien dólares. Se puso