— El bebé es suyo.
Hanna lo dijo finalmente, y su voz, baja y temblorosa, hizo callar a todos por un segundo.
— No estuve con nadie después de que él llegó… Y el tiempo del análisis de sangre coincide. Puedes comprobarlo.
Me acerqué de nuevo al papel. Pocas semanas. La fecha... coincidía. La maldita línea de tiempo tenía sentido. Pero aun así... había un sabor amargo en mi boca. Algo no encajaba.
— Eso puede ser...
dije, firme, sintiendo el peso de la sala sobre mis hombros.
— pero voy a