Sí… Eran mis últimos días. Y todo parecía gritar despedida.
Me preparé como todos los días, pero este tenía algo diferente.
No sabía si era aquella sensación de estar perdiendo algo o la de estar a punto de vivir lo desconocido.
Era tan extraño.
…
Cuando llegué a la oficina, allí estaba él.
Sentado en el sillón del salón, como si estuviera esperándome.
Y, por supuesto… lo estaba.
En cuanto me vio salir del ascensor, se levantó.
No dijo nada. Solo hizo un gesto con la cabeza, indicándom