Yo bailaba para él.
Cada mirada, cada curva de mi cuerpo al ritmo de la música era para provocarlo.
Y lo provocaba.
Sentía la mirada de Landon quemándome la piel, sentía otras también, pero la que me importaba era la suya.
Solo que él no se movía.
Había mucha gente ahí; conocidos, gente de la ciudad, hasta su propio hijo.
Es claro que Vicent no sería tan idiota como para hacer algo.