Marie Moreau de Acosta.
Durante toda la celebración, nos comportamos como completos extraños, Mateo me susurra con la niña en los brazos— Te espero en la casa. —
Trato de sonreír, pero estoy muy nerviosa, no sé que estaba pensando en el momento que acepte ese trato, quisiera detener las horas del reloj, no porque no desee a Mateo, es porque tengo miedo a las reacciones de mi propio cuerpo ante él.
A las diez de la noche quedan pocos compartiendo y yo ni siquiera puedo tomar algo de licor para ca