Marie Moreau
— ¡Maldita... sea mi suerte, pequeña! Tal vez pudieras hacerme un espacio, preferencial; debería de tener más derechos por antigüedad. ¿No crees? — declaró justo cuando se detenía el auto. —
Tal vez antes... —Respondo sin terminar la oración porque la puerta es abierta por el mismísimo Michael en persona – Señor Mateo, Marie... ¡Estás hermosísima! —Michael puso fin al desagradable intercambio con su oportuna aparición.
—Gracias, Michael, tú estás muy guapo como siempre—Respondió al