*Capítulo 45:
ALESSIA
El aire dentro de la torre no se movía. Se asentaba pesado y rancio contra mi piel, ese tipo de quietud que aparece después de que algo antiguo ha sido perturbado y aún no decide si va a despertar o seguir durmiendo. Cada paso en las escaleras de caracol hacía caer polvo de las paredes y subía el olor a hierro húmedo hasta mi garganta, y los grabados en la piedra brillaban débilmente a nuestro paso, no con calidez, sino con reconocimiento.
El vínculo en mi pecho tiraba co