*Capítulo 49:
ALESSIA
El amanecer que llegó después de la noche del pacto no rompió como una hoja de acero, llegó lento y renuente, derramándose sobre el valle en un color que no era del todo dorado ni del todo gris, como si el cielo mismo no supiera si celebrar la quietud o prepararse para lo que viniera después.
El pulso de la Piedra-Vigía bajo mis pies ahora era estable, ya no era un redoble frenético que exigía sangre u obediencia, sino un ritmo bajo y medido que se sentía menos como una ca